A tres bientot


Et voilà, je vole vers la Ville des Lumières.

Nos veremos más pronto de lo que piensas :)

Au revoir!


Histrionico.


histrión.
(Del lat. histrĭo, -ōnis).
1. m. Actor teatral.
2. m. Persona que se expresa con afectación o exageración propia de un actor teatral.
3. m. Hombre que representaba disfrazado en la comedia o tragedia antigua.
4. m. Prestidigitador, acróbata o cualquier otra persona que divertía al público con disfraces.


La verdad es que me aburre profundamente buscar palabras en el diccionario. Lo siento pero es así. Sé que es una pereza muy peligrosa para alguien que pretende dedicarse a amaestrarlas, pero prefiero mil veces inventarme su significado que levantarme, ir a por el diccionario, abrirlo, buscar la letra, buscar la segunda letra, recorrer las páginas con el índice... sólo con pensarlo bostezo. Y claro, la búsqueda se demora y se demora y acabo con las pobres palabras vacías dándome vueltas alrededor de la oreja como moscardones. El último de ellos se llamaba Histriónico, y llevaba dando vueltas tantos días que no sé cómo no se ha cansado antes, pobrecito. Así que al final he optado por la versión para vagos y he buscado la palabra en la RAE cibernética, ya que estaba aquí.

Las palabras que se convierten en moscardones me recuerdan demasiado al resto de cosas que se me convierten en moscardones. Ahora mismo, antes de irme a París, tengo montones de ellos alrededor de las dos orejas. Cosas sin hacer, vaya. Lo que siempre dejo para el último momento. Moscardones que engordan y asustan.
Así que no me queda otra que levantarme y abrir el diccionario, que más vale tarde que nunca.

El jardin (y lo que hay mas alla).


Hacia las seis de la mañana se desembarazó de las sábanas. Descalza y en camisón atravesó a tientas el pasillo y salió al jardín de césped verde y cuidado, que crecía a ambos lados del camino de arena, separado por un muro y una verja de metal de la calzada, como un pequeño oasis en mitad de la ciudad. Sentarse allí siempre la tranquilizaba. El cielo comenzaba a aclararse poco a poco, y las ventanas de algunos edificios ya se iluminaban, delatando a las personas que ahora comenzarían a cumplir su rutina habitual. El silencio permitía de vez en cuando escuchar cómo algunos coches ponían en marcha el motor y se alejaban con un zumbido. En un par de horas, ella también tendría que lavarse y vestirse para ir al colegio. Pensar eso le provocó una risita, y es que en aquellos momentos el colegio le parecía más irreal que su pequeño jardín iluminándose perezosamente con luz tenue.

Ocupada como estaba en mirar hacia el cielo, no reparó en los ojos que la observaban desde el otro lado del muro de ladrillo, entrecortados por las rejas de la valla.

-Buenos días –exclamó con voz masculina la boca situada justo por debajo de los ojos, que Alba no llegaba a ver. Se incorporó de un salto, sorprendida, y retrocedió un par de pasos tambaleándose.

-No te vayas, no te haré nada. Por si no lo ves hay un muro entre tú y yo –rogaron los ojos, reluciendo a la luz del sol naciente. Alba no reconocía aquella voz, y estaba completamente segura de que no pertenecía a ninguno de sus amigos. ¿Un borracho, quizá, que volvía a su casa a pie y con ganas de divertirse un poco más?

-Resulta refrescante verte sin tacones –insistió la voz.

-¿Sin tacones? –repitió Alba como una estúpida, deslizando inconscientemente un pie hacia atrás. Sintió la frescura de la tierra y la hierba nocturna entre los dedos.

-Vete si quieres, anda. Sólo quería darte la oportunidad de agradecerme el haberte recogido del suelo, ya que pasaba por aquí.

Fue entonces cuando Alba pudo relacionar esos ojos con los que habían centelleado también a sus espaldas en aquel concierto, riéndose de ella en mitad de la vorágine de luces y focos, pero también manejando unos brazos que la habían separado del suelo, ese suelo que tanto atraía a su cuerpo cada vez que intentaba subirse a unos tacones.

-Gracias –respondió demasiado bajo y demasiado tarde; los ojos habían desaparecido ya. Alba corrió hacia el muro y, poniéndose de puntillas, se agarró a la verja, tratando de asomar la cabeza fuera. Lo único que pudo ver fue una espalda alejándose, cubierta de rastas con abalorios plateados que brillaban a intervalos, cimbreándose de un lado a otro como estrellas fugaces.

Cosas que tengo que recordar mañana cuando me despierte (si, se que parece facil, pero no lo es):


  1. Lavarme el pelo, por Dios.
  2. Ir a ver las notas de francés.
  3. ¿Mañana qué día es?
  4. Comprar más corticoides para los ojos chungos que siguen chungos pero menos.
  5. Lo he mirado, es sábado.
  6. Comprobar si las farmacias abren los sábados (esto va encima del punto cuatro).
  7. Llamar a alguien o dejarme llamar.
  8. Abrazar(le).
  9. Escribir.
  10. Leer un poco de Flaubert, que me va a hacer falta.
  11. Escribir otra vez.
  12. Recomponer a Sherezade, pobrecilla.
  13. Recoger la ropa de la silla/suelo (esto iría en el punto uno, pero a quién quiero engañar).
  14. Tomar un poco el sol.
  15. Ponerme crema de sol antes de tomar un poco el sol.
  16. Sonreírle al menos una vez al espejo.
  17. Leer esta lista.
  18. Ver Adventure Time para tener algo de que hablar con Néstor (es coña :D).
  19. Dibujar algo, sólo para recordar con qué mano se cogía el lápiz.
  20. Recordar.
  21. Sacar a Saria antes de comer.
  22. Escribir.
  23. Abrir la ventana antes de que todos los mosquitos del canal despierten de la siesta.
  24. Peinarme durante cinco minutos enteros.
  25. Bailar un poquito, o intentarlo.
  26. Aprovechar estas horas en las que estoy sola en el mundo.

Con sol y pimienta.



Hoy ha sido el último baile, la última (y, en el caso de este año, única) actuación y el broche que cerraba Junio dando a luz otro Julio, una nueva etapa, mi primavera. El renacer de los novelones interminables, las mañanas desayunando lento (¡aún más!), y sobre todo el sol, ¡tanto sol!
No sé, últimamente siento que se me echan los veranos encima. Si no, a ver qué narices hago yo a la una menos veinte escribiendo aquí como si estuviese desactivando una bomba. Creo que tengo que plantearme despertar algún día del letargo.
Hoy se deshielan finalmente los bolígrafos: ya puedo escribir tranquila.


Me declaro culpable del robo de la foto del blog de Álex EscaparateModa ( http://escaparatemoda.blogspot.com ), no he podido resistirme.