Siento no poder escribir tanto como debería. No es una disculpa al blog, es una disculpa a mí misma. Siento haberme aprendido tantas frases que se me han escapado ya entre los dedos al escribirlas en la hoja de examen y se han ido tatuadas en él. Siento haberme aprendido tantas guerras, revoluciones y constituciones, tantas características, biografías, temas, estilos, obras, construcciones que destruyen mis propios cimientos. Cuando tenga la esquina de una hoja libre y cinco minutos escribiré. Escribiré la historia de la niña con cuello de Botticelli cuya vida se repetía en bucle día tras día en una cárcel de yeso y tiza. Escribiré los viernes de Claudinita esperando a Claudinito en el sofá con una taza de café con leche entre las manos para que no se le cierren los ojos. Escribiré a Ginebra haciendo el amor como si no hubiese mañana. Escribiré a Maurice llorando y escribiré a Alba escribiendo todo esto. Cuando tenga tiempo. Cuando no tenga tanto sueño...

Estudiar y (de)crecer.




Dicen que se ponía triste en su cumpleaños porque le asustaba envejecer. 

A mí lo que me da miedo es crecer.


Cuento sin nombre.



Se la llevaba un sueño ligero, como una ola tibia de resaca. Podía ver a sus padres en la orilla, mojándose hasta los tobillos de agua salada, llamándola a gritos para que no se fuese muy lejos mientras ella se alejaba, boca arriba sobre un mar de naftalina y algodón. Cuando al entreabrir los párpados le llegó la luz de la lámpara de pantalla color hueso y advirtió a Blanca al lado de su cama, que tenía la cara seria excepto cuando sentía que la miraba, entonces sonreía como si fuese a acabarse el mundo, se dio cuenta de que seguía en su habitación, se preguntó dónde estaría Chismoso, su perro, que siempre dormía con ella a los pies de la cama y que parecía haberse convertido en esa señora que sonreía tan raro. Pensó que se habría ido a dar una vuelta con Galo, porque debía ser ya la hora de sacarlo a la calle y ella seguía en la cama. No habría querido despertarla. ¿Y quién era esa mujer que tejía sin descanso, qué hacía allí, y por qué tenía ojeras oscuras de la tierra mojada? Ahora que lo pensaba, Galo no podía estar paseando a Chismoso porque el perro había muerto mucho antes de que ella conociese a Galo. Atropellado por una enorme ola de espuma de vidrio, enterrado en arena blanca, bajo campos de amapolas. En un campo como ese que habían visto un día caminando recién casados y a ella se le había antojado hacer el amor sobre las flores y se había llenado toda la falda de piedrecitas, briznas de hierba y bichos, porque llevaba un vestido con estampado de flores rojas, muy acorde con el paisaje, que había atraído como un reclamo a todas las avispas de los paneles cercanos, las cuales los habían rodeado en un círculo de música silbante mientras Galo le desabrochaba el sostén con la respiración entrecortada. Ese día, el cielo era tan azul que parecía recién lavado. Como el día en el que, ya lo recordaba, Galo había decidido abandonarla y por eso no estaba allí con ella y en su lugar la velaba esa extraña y triste señora cuya presencia no había pedido en ningún momento. Curiosamente, pensar en Galo no le dolía. Sentía el interior de su cuerpo esponjoso y calentito, como almohadillado. Los párpados se le cerraban de nuevo. Hacía ya mucho de ese segundo día tan azul, tan frío, en el que el viento le había azotado la cara queriéndose llevar las cenizas que protegía dentro de una lata, bien pegadita a su pecho debajo del abrigo. ¿Cuánto había pasado de eso? No, se lo tenía que haber inventado, ella nunca había tenido novio, si acababa de empezar el colegio y la profesora la ponía de cara a la pared con los brazos en cruz, aunque no era culpa suya porque la nota se la habían pasado y del susto sólo se le había ocurrido metérsela en la boca y tragársela para que la profesora no la viera. Y ese pelo tan largo y tan liso, que a duras penas alcanzaba a peinarse por las mañanas. Quiso levantar la mano y acariciárselo un momento ahí mismo, en el rincón de la clase, pero fue incapaz. Notó cómo alguien se movía a su lado y le arropaba un poco y poco a poco los pensamientos se fueron ordenando en su cabeza y recordó que estaba tumbada en una cama, que era vieja y que no era capaz de moverse ni para ir al baño y que las cenizas de su marido descansaban en la lata sobre la mesita de noche y que hacía ya muchos años que el pelo no le crecía más abajo del lóbulo de las orejas. Abrumada, quiso llamar a Blanca, pero cuando volvió a abrir los ojos se encontró con que la luz estaba apagada y a los pies de su cama no había nadie, y ninguna marca delataba lo contrario. Ninguna arruga en su colcha, ningún trabajo de ganchillo, ninguna silla colocada al lado de la cama, ningún ruido en la casa excepto el de su propia respiración profunda y lenta. Entonces recordó como una iluminación que Blanca también se había ido hacía ya muchos años. Y arrullada por la oscuridad y el murmullo del mar, cerró los ojos de párpados amarillos y se durmió.

Under the surface.

Click.




Señor Gato, aquí tiene su dibujo del revés, inspirado en Submarine
Quien no la haya visto, a verla ahora mismo.

Yo me voy a dormir.

You are goodness.

Si como a mí os gustan las imágenes, y aún más las imágenes bonitas, tanto si os va la moda como si os chupa un pie tenéis que ver el reportaje que la fotógrafa Sara Janini  ha hecho de Cibeles.
En la página web de Smoda dicen: "Cuando no está de viaje duerme en Lavapiés, así que un día se despertó, cogió el metro y se fue a la pasarela Cibeles. Lo que más le alucinó es "que se dieran los mismos codazos para fotografiar a un famoso que a un muerto en una revuelta" y le estremeció la delgadez de las modelos."









Mandarina, fresa, miel.

"-¿Qué es lo que te gusta?

Me ilumino.

-¡Tantas cosas! Los plátanos podridos, los bombones de chocolate, las yemas de tilo, el interior de los rabos de alcachofa, la goma de los árboles frutales, los libros nuevos y las navajitas con muchas hojas y..."



Colette, Claudine en Paris.




Tengo que patentarlo.


More stuff.

Que puedo irme a dormir sin leer, pero no sin dar las buenas noches.
Que si me quieres, te querré. 
Que si no escribiese no sería yo. 
Que no puedo andar sin música ni estudiar sin comerme una manzana. 

Que no soy capaz de pasar un viernes sola.
Que soy Ginebra, sí, pero en soledad. 
Que una de las cosas más bonitas que me puedes decir es que me echas de menos.

Que me gustaría saber tocar mejor la guitarra.
Que los días nublados me ponen un poco triste.

Que tengo miedo a muchas cosas.
Que me agobio enseguida. Luego me río. Luego me agobio aún más.
Que me daría una ducha cada media hora.
Que cada vez odio más el invierno.
Que me encantaría tener más zapatos de tacón.

Que creo que por fin estoy descubriendo lo que me gusta. 
Que a veces me siento como un pez al que todo el mundo se olvida de dar de comer.
Que sin música nada tiene sentido.
Que sin amor nada tiene sentido.
Que sin arte nada tiene sentido.
Que sin chocolate o mermelada nada tiene sentido.
Que el filtro verde es lo mejor que tiene el Photoscape.
Que tengo cicatrices en los ojos. Y a veces duelen.


Que me canso de mi habitación. Excepto cuando está él en ella.
Que me canso de mi cuerpo. Excepto cuando está él.
Que me gustaría cambiar muchas cosas, como a todo el mundo.
Que tengo las uñas hundidas y destrozadas pero la verdad es que nunca me ha importado.
Que yo echo de menos a mucha gente. Gente perdida.
Que me gustaría estudiar muchas cosas y al minuto siguiente quiero huir de todo.
Que agradezco estar viva.