Aquella noche.


Aquella noche, Mauricio soñó con la espalda de Ginebra.
En su sueño, él era una gota más que descendía desde la punta de un mechón negro por detrás de la oreja, a la izquierda de la yugular. Bajaba, deseando ser humano, deseando ser una lengua. Una gotita bebiendo piel. Cuando creía que se iba a volver loco de velocidad, esta disminuyó al llegar a la clavícula. "Espero que ella no sepa que estoy en su clavícula", pensó, histérico de placer al descubrirse por fin colonizador de aquel huequecito que siempre había reclamado en silencio para sí. Sin embargo, el descanso no duró mucho, ya que al detenerse, se dio cuenta de que era una gota, y en mitad de su sueño recordó la imagen de Ginebra en toalla, Ginebra recién salida de la ducha, Ginebra empapada... y acto seguido, sin saber cómo, el rumbo había cambiado bruscamente y ya no se encontraba agazapado sobre el pecho, sino descendiendo a toda velocidad por la curva de la espalda, siguiendo el camino esculpido por la columna vertebral. Mientras se precipitaba, su cuerpo humano comenzó a jadear, su pecho se contrajo y finalmente se despertó de un salto, aferrándose a la almohada y preguntándose por qué narices estaba tumbado sobre su cama deshecha y no danzando hacia el final de una rabadilla que conocía demasiado bien.

4 Responses so far.

  1. Ojalá tengas una versión en que se lea lo que pretendes expresar.

  2. Lobo says:

    Literariamente hablando y siguiendo tu esquela Ginebriense.
    Te follaría.

  3. Increíble, pequeña. Qué fuerza. Me ha encantado, me encanta Ginebra, la verdad :)

  4. says:

    No puedo evitarlo, me gusta más el Yang.
    Genial cómo escribes :)

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¡Muchísimas gracias!