El culo de Marilyn.

A veces se me olvida que tengo un cuadro pequeño de Marilyn en blanco y negro justo en la cabecera de mi cama. También tengo un póster enorme de Audrey Hepburn, pero siempre he preferido a Marilyn, y creo que ella acaba viniendo en mi ayuda cuando lo necesito. Cuando engordo, por ejemplo, y me cuesta más trabajo convencerme de que no es para tanto, allí está ella, bailando con su culo de la talla 42 perfectamente perfecto embutido en un vestido que me encantaría atreverme a llevar. Siempre hace que me mire al espejo de otra manera. Siempre. Y eso es algo que únicamente otras dos personas han conseguido que haga en toda mi vida. 

Hoy he pasado el día de la forma menos glamurosa posible. Aún estoy en pijama y con la cara sucia. Así que ha sido una casualidad y una suerte que, después de haber tenido todo el tiempo del mundo para leer el especial sobre Marilyn en el Dominical, mamá y yo hayamos encontrado después de comer My week with Marilyn en la tele, y me haya vuelto a consolar ver algún vestigio de lo que fue su vida. Aunque lo siento, Michelle Williams, sé que es mucha presión, pero no creo que nadie sea capaz de acercarse a la galaxia que la hacía ser como era. Para mí sólo es otra chica con el pelo rubio cardado y mucho pintalabios. Pero el caso es que después de ver a Marilyn 2.0 me han entrado muchas ganas de ver otra vez a la original (como cuando pides Coca-Cola y te dan Pepsi, vaya), y me ha ocurrido lo de siempre. 

Hay una manera específica de hablar que desde pequeña me provoca un efecto muy muy fuerte, y es que me hipnotiza como una flautita a una serpiente en una cesta. Me ha pasado muy pocas veces y con contadas personas, pero cuando ocurre se me va toda la fuerza del cuerpo. Es una mezcla entre susurro y voz dulce, o simplemente delicadeza, que en algunas ocasiones utiliza la gente y que me resulta irresistible, en el sentido de que sin que nadie lo note se me queda la mente en blanco y se me entrecierran los ojos, y me quedo K.O. como una muñeca de trapo, con un cosquilleo por todo el cuerpo, sin procesar ni una palabra de lo que escucho, simplemente derritiéndome con la melodía y deseando que nunca acabe. Pues bien, Marilyn Monroe es la única persona con la que esto me ocurre cada vez que la escucho hablar y moverse, hasta el punto de que si veo sus películas en versión original probablemente no me entere del argumento. Mientras hombres de todas las generaciones sentían una ansiedad apasionada por ella a mí lo que me ha transmitido siempre al verla es una sensación de serenidad increíble, aunque todo el mundo sabe que serenidad es precisamente lo que nunca encontró. Y esa manera de hablar y esos gestos que a nadie más le quedan bien es algo que ninguna actriz puede imitar, al igual que su culo probablemente es el culo de la 42 más bonito habido y por haber.



3 Responses so far.

  1. gato says:

    Pues a mí me gusta mucho más el tuyo. Ehhh... estooo... quiero decir tu post, naturalmente. No me atrevería a otra cosa... :-)
    Conforme te iba leyendo recordaba la secuencia de Marilyn caminando por el andén de la estación en Some Like It Hot (Con faldas y a lo loco)
    Me alegro infinito de que estés de vuelta.

  2. Arctos says:

    No me importaría en absoluto volver a recordártelo ;)

  3. alabikoka says:

    ¡Hola!
    Hay una relación intrinseca de esclavitud,que nadie me dice,entre la foto de Marylin,mi culo,un libro y tu muchisimas gracias.¡Dos palabras Hombre-Mujer,4 significados,4 comentarios.!

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¡Muchísimas gracias!