Montmartre, pensó.



La despertó el olor del café haciéndose en una habitación cercana. Se desperezó como una niña pequeña y después se incorporó con cuidado. Ya veía perfectamente, los dolores habían remitido y la fiebre se había retirado por el momento. Respiró hondo mientras se frotaba los ojos con los nudillos y se dio un instante para asimilar todo lo que había ocurrido.
Se encontraba en una habitación diminuta de ariscas paredes marrones con enormes grietas que la cruzaban como venas, rompiendo la pintura y desencajando por completo el efecto señorial que los muebles, antiguos y distinguidos, intentaban provocar inútilmente, ya que todos tenían las patas carcomidas y estaban manchados de pintura. Los cuadros y retratos cubrían las paredes sujetos por enormes escarpias. Ella estaba sobre un enorme diván de forro rosa sucio, que definitivamente había tenido tiempos mejores. A su derecha, al lado de la puerta, había una única ventana sin cristal, en cuyo alféizar varios gorriones picoteaban unas enormes migas de pan que alguien parecía haber dejado allí con esa intención. Alba se incorporó a trompicones apoyándose en el alféizar, haciendo que los gorriones volasen hasta el árbol más cercano, asustados. Se asomó por la ventana y una bofetada de sol le dio de lleno en la cara y le obligó a cerrar los ojos. El estruendo de la calle que bullía abajo le devolvió de nuevo la noción de la realidad.
Era una calle muy diferente a las que había estado recorriendo al llegar a París. No vio ni un solo hombre ostentoso, ni a mujeres encorsetadas. En su lugar había niños corriendo entre la gente, jóvenes de pelo sucio tocando tonadillas en alguna esquina con una gorra en el suelo y muchachas que flirteaban con ellos al tiempo que cargaban con bolsas de pan y bollería, que olía deliciosamente. Sintió cómo poco a poco se iba contagiando de la alegría de aquella calle donde se podía oler la música y saborear la mañana, donde la nieve se había derretido ya en la calle adoquinada y todos parecían celebrar la primavera. Montmartre, pensó, y el acento francés le retumbó en la cabeza.

PD: hala, foto con flequillo. Renovarse o morir.

5 Responses so far.

  1. S.S.N. says:

    Sería feliz, nuestra Alba, viviendo, amando, en Montmartre?
    Pero algo me dice que sus circunstancias la llevaran siempre a otro lugar. Me pregunto de quién serán los primeros brazos que la tomen...
    Y hablando de flequillo, seductora imagen.

  2. gato says:

    Suscribo lo que comenta el anterior, porque tenía que haberlo escrito yo, si no me hiciese un lío con tanto blog y tanto usuario.

    Disculpas. Un beso

  3. gato says:

    Quiero decir que tenía que haberlo firmado yo, en lugar del otro...
    Reconozco que estoy un poco "empanao".

  4. Cuando el francés mete sus narices, todo huele mejor . HAHAHAH . Saludos.

Leave a Reply

¡Muchísimas gracias!