Desayuno de sabado.


Hoy he soñado con tijeras y arañas y me he despertado con el corazón revuelto. Sin embargo, como mi estómago seguía perfectamente, me he preparado una cafetera y un plato con galletas y tostadas en el invernadero, al ladito del sol de las once de la mañana. Cuando he ido a devorar mi desayuno, una enorme urraca de plumas azules se había colado nadie sabe cómo, y la pobre aleteaba y se daba golpes contra las ventanas intentando salir. Saria, desde la terraza, se ponía a dos patas y se apoyaba en las macetas con los ojos golosos relampagueando bajo su montón de tirabuzones rubios. Yo iba de un lado a otro abriendo todas las puertas mientras se enfriaba el café, mostrándole a gritos al pobre pájaro la salida con esa estúpida manía que tenemos los humanos de hablar a los animales en nuestra lengua. Cuando al fin ha encontrado la puerta abierta y ha salido volando con un ruido como de agitar una sábana, casi salto yo a volar detrás de ella. Pero me he sentado a servirme el café con leche hojeando una revista, y Saria ha hecho lo propio, muy civilizadas las dos.

One Response so far.

  1. Arctos says:

    Qué bueno es tenerte de vuelta. Cuánto bien me haces =)

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¡Muchísimas gracias!