Send my body out to work but leave my senses in orbit over south east London.

¿No os ha pasado alguna vez -seguro que sí, porque incluso en las cosas más bizarras que me pasan no soy pionera- que veis una imagen, una foto para ser más exactos, y algo dentro de vosotros como que hace "click" y os decís "ya está. Esto quiero hacer, ahí quiero meterme, eso quiero ser."? Segurísimo que sí. Lo de querer meterte dentro de una foto o un cuadro porque sientes que de alguna manera está dedicado a una parte de ti, que tiene una conexión íntima contigo, como si os uniese un cordón umbilical invisible (porque no se me ocurre una unión más íntima... bueno, sí, pero no lo diré, allá cada uno con su mente sucia). Claro que os habrá ocurrido, mis pequeños y sucios artistas.

Pues resulta que estaba yo desayunando sola en esta mesa enorme y provenzal (provenzal por el mantel blanco, si lo preferís ibicenca), a las nueve menos algo de la mañana (y esta vez por voluntad propia y no por insomnio, gracias a Dios) -este texto lo escribí ayer, 4 de marzo- y como de costumbre leía la revista de S Moda que dan los sábados y sin la que no se qué he hecho con mi vida hasta ahora en los desayunos, cuando en un reportaje sobre mujeres fotógrafas, en medio de cinco o diez fotos también geniales, se me ha aparecido esta y nada más verla he dicho (en bajo, claro, porque todo el mundo dormía): "ya está. Esto quiero escribir." Esperad, que me voy a poner la página delante para verla mejor. Eso es. 1983. Nan y Brian en la cama. Nueva York. Nan Goldin.


Evidentemente, lo primero que me ha llamado la atención ha sido el hombre y su espalda. Pero atendiendo a la pose me... como decirlo, me llama su indiferencia, los ojos entrecerrados hacia la esquina de la pared oscura (en la foto de la revista los colores estaban más oscurecidos y sólo había penumbra) de domingo tonto por la mañana, fumándose un pitillo como si fuese la encarnación de Camus. La mujer, en un segundo plano de la foto mirándolo con cara de venganza ("¿Por qué te has levantado? Con lo bien que estábamos..."), misteriosamente vestida. No porque la ropa sea misteriosa, lo misterioso es que la lleve, si ustedes me entienden. Parece que está a punto de decir algo que rompa el momento crítico de tensión, el segundo antes de que pseudoCamus expulse el humo y suspire pensando en que es una mierda de domingo, o que tiene que volver al trabajo, o que acaba de chinar la sábana con la ceniza.

Cuanto más la miro más trágica me parece, pero la luz naranja le da un nosequé de cotidiano, de esperanzador, porque no quiero escribir historias grises que no lleven a ninguna parte, sencillamente porque la vida no es gris y aunque te hayas cargado la sábana el sol sigue saliendo los domingos por la mañana (excepto en mi cocina, al parecer). Quiero escribir el pitillo de ese hombre recién levantado o nunca acostado, políticamente incorrecto y mal visto, que disfruta de su humo censurado y de su desnudez en la intimidad de su habitación (pitillo y desnudez que todos podemos ver, por otra parte), quiero escribir la mirada de esa mujer y su drama, pero un drama soleado, cruzado por ráfagas de luz de vez en cuando, por zonas de risa estúpida y paseos absurdos, una comedia un poco envenenada. Quiero escribir el suspense entre los dos y la forma en la que se quieren o se odian. Quiero escribir cómo se ríen de la vida y deciden no volver a salir de la  cama, a no ser que sea domingo por la mañana y, yo que sé, les de por dejarse hacer una foto.

4 Responses so far.

  1. gato says:

    Es evidente que "Camusversion" intenta parecerse al sujeto de la fotografía que se alza sobre el cabecero de la cama.
    Ella está vestida porque, una vez satisfactoriamente cumplida la faena, debe regresar a casa, con su marido; pero se resiste a marchar y por eso recrea sus últimos momentos, lánguidamente tendida sobre la cama, mientras contempla el torso desnudo de "Camusversion"; que no hace mucho aún acariciaba...
    Efectivamente, esto sucede un domingo por la mañanita. Ella ha salido a comprar los churritos para el desayuno y con esa excusa fue a despertar ardientemente a su amante. Pero aún tiene que hacer la cola de la churrería, para poder llegar a casa manteniendo su perfecta y doméstica coartada.
    Por cierto me declaro tu admirador más sucio, porque en mi asquerosa imaginación aún chorrean hediondez los pormenores del encuentro pasional entre ambos... jejeje.
    Un beso de presenciales aspiraciones.

  2. gato says:

    Esto... me encanta la nueva imagen que acompaña tu perfil. Sí... Adorable y delicioso lunarcito.

  3. Me encanta leer las cosas bizarras que piensa la gente. Sobretodo si es bizarrismo de calidad.

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¡Muchísimas gracias!