También tengo una manía (llamémoslo así) que me persigue desde que soy pequeña (más pequeña aún) como Saria te persigue cuando llevas un trozo de queso en la mano. No es tanto una manía como el resultado de la organización de mi cabeza. Creo. Es un pensamiento recurrente que de vez en cuando viene y se va como un estornudo, no sé cómo explicarlo. Por eso le llamo manía. ¿Manía mental, quizás? 
Vamos a ver cómo lo explico.

Me obstino en buscar lo especial. No lo diferente, lo especial (no digo diferente, digo raro), lo que destaca. Algo que me evite la horrorosa idea de que la humanidad sólo es un continuo desfile de gente que nace y muere y no hace nada más ni deja ninguna huella. Filas y filas de sombras para las que no encuentro rostro, tan largas que son imposibles de imaginar. 

Por poner un ejemplo, ayer me dijeron que una persona había nacido el 21 de marzo, el día que comienza la primavera. Pues bien, eso me llevó a pensar que una persona nacida en esa fecha tendía un yo que sé, un destino especial, una luz diferente. Esa es mi manía. Claro que al momento me doy cuenta de que lo que antes había aceptado inmediatamente es una completa gilipollez (tanto da el 21 de marzo que el 2 de octubre, ya ves), pero de alguna manera queda un pequeño resorte a que me señala ese tipo de cosas y las archiva como importantes o decisivas. Como si no pudiese soportar la idea de que una persona nacida al comienzo de la primavera o a las 00:00 del 31 de diciembre fuese a tener una vida tan anodina como el resto. Cuando nacerán, vivirán un poco y luego desaparecerán como todos los demás que hemos nacido en fechas sencillas y discretas.

No me entiendo ni yo misma, así que os ahorro el resto de comparaciones interminables que intenten explicar algo que no sé si puedo explicar. A ver si escribo algo y dejo de poner aquí estupideces.

One Response so far.

  1. Eduardo says:

    Pon el resto, sorpréndenos con tus extravagancias (especiales xD).

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¡Muchísimas gracias!