Cuento corto de la chica que tenia unos cascos verdes.

Había una vez una chica que tenía unos cascos verdes. Eran unos cascos muy grandes porque a la chica le gustaba escuchar la música muy alta. Todos los días, la chica salía a la misma hora de su casa y se dirigía hacia la universidad haciendo siempre el mismo camino, con sus cascos verdes en las orejas y la música muy alta. 

Había también un chico que la veía todos los días desde su local, ya que cuando la chica pasaba por delante, siempre a la misma hora, coincidía con la hora en la que él se tomaba cinco minutos para fumarse un cigarrillo en la puerta. 

Probablemente había elegido precisamente esos cinco minutos porque sabía que era el momento en el que la chica pasaba. 

El chico pensó que la chica era muy bonita, y tras muchas investigaciones consiguió averiguar su nombre, y así cada vez que la veía pasar con sus cascos verdes podía ponerle nombre a su cara. Y pensó que el nombre era muy bonito también. 

Así que al cabo de un tiempo, cada vez que la chica pasaba por su lado con sus cascos verdes él decía su nombre para llamarla, pero la chica llevaba la música muy alta y no lo oía. Cada día él la llamaba un poco más fuerte, pero la chica seguía pasando por su lado con sus cascos verdes sin mirarle siquiera. El chico se quedaba en el portal siempre a la misma hora como un perro encadenado y la llamaba por su nombre cuando ella pasaba, pero la chica nunca respondía ni se volvía hacia él. Hasta que un día el chico perdió los papeles y acabó llamándola a gritos. 

Y toda la calle se dio la vuelta para mirarlo. 

Las palomas salieron volando en desbandada

A un vecino se le cayó una maceta por la ventana, que se estrelló contra el suelo a pocos metros. 

Un par de coches pitaron y una abuela le gritó agitando el bastón. 

Pero la chica siguió andando sin enterarse de nada, porque llevaba sus 
cascos verdes y la música muy alta.






2 Responses so far.

  1. gato says:

    No me cuesta, gracias a tu ayuda, imaginar a la deliciosa chica de los cascos verdes. No me cuesta imaginarla, bonita y feliz, caminando, sobre una alfombra de ilusiones que la música, muy alta, envuelve.
    También me imagino al "panoli" del chico: que lo único que consigue es detener el mundo
    a gritos, pero es incapaz de llamar la atención de la muchacha.
    En vez de berrear su bonito nombre debería considerar la posibilidad de inicicar otras acciones. A saber:
    —Hacerse música y meterse en los cascos verdes de ella para susurrarle su existencia y lo mucho que le gusta.
    —Interponerse en su camino y detenerla con una sugerente sonrisa.
    —Aprender el lenguaje de signos con las manos. Tal vez ella lo conozca...
    —Colgar una enorme pancarta de un lado a otro de la calle en la que se pueda leer:
    CHICA DE LOS CASCOS VERDES, ERES MUY BONITA Y TIENES UN NOMBRE MUY BONITO.
    Pero qué le vamos a hacer... Decididamente es un "panoli"
    Seguro que, a poco que refelxionara, se le ocurrirían màs soluciones.

    P.S. También a mí me encantaría que leyeses cualquier cosa que fuera capaz de escribir algún día.
    Respondí a tu anterior comentario "in situ". Me gustó tanto que no podía dejar de hacerlo.

  2. Letrazos says:

    Genial Celia! De pequeñas ideas pueden salir grandes cuentos.

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