I say where do my bluebirds fly.

Ya no lloro, no te preocupes. Después de un mediodía, una tarde y media noche por fin se me han secado ya los ojos. Y la sensación de seguir de pie, paralizada durante unas décimas de segundo eternas al final de la línea de embarque que se va llenando de cuerpos y maletas que te cubren y tú mirándome con un poco de pena. La tirita que se me despega siempre de vuelta a casa cuando vuelvo sola escuchando Where do my bluebirds fly, o Long nights, o Forget Slowly (que anda que también son buenas elecciones, Celiquita), y que me revuelve las tripas con una tristeza que no se va ni con cervezas, ni con películas, ni con crêpes, ni con bromas de mamá. Esta mañana nublada y oscura ya soy capaz de mirar mi habitación desordenada, llena de cosas que te has olvidado o te has querido olvidar y no ponerme a sollozar de pie en la puerta (cuando llegaste salió el sol, hoy llueve). Te prometo que este año voy a aprender a recomponerme a mí misma trocito a trocito cada vez que te alejes, a aprender lo que significa instantáneo y a no querer aferrarme a ti cuando el avión esté a punto de salir. Y a ser capaz de sonreír con un poco de pena porque ha sido maravilloso en vez de llorar y moquear porque ha sido maravilloso y ya se ha acabado y me quedo haciendo equilibrios en una cama vacía sin quererme creer que mañana ya es lunes. Este año voy a dejar de ser una llorona, ya verás, y no tendrás que limpiarme las lágrimas cada dos por tres ni consolarme por teléfono porque sé que aunque te vayas y aunque me vaya, siempre vamos a volver. Y volveremos para siempre.





3 Responses so far.

  1. Qué texto más bonito, Celia, me ha encantado. Muy sutil.

  2. Pues sí, una despedida es de lo más jodido que existe. Caeré en clichés, pero el gran Jeff siempre tiene una respuesta...
    http://www.youtube.com/watch?v=BtS0rwQK_pI
    Un saludo.

  3. gato says:

    What is life... Si tuviera una varita mágica, te lo resolvía; pero..
    Un puñao de besos.

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¡Muchísimas gracias!