Un beso y un regalo.




Abrió una vez más los ojos para descubrir una pequeña y gastada lámpara de aceite a su lado, que iluminaba la habitación a duras penas. Al otro lado de la ventana, la noche había tomado el poder sobre la luz y la iluminación de las farolas no llegaba hasta la habitación. Una enorme grieta cruzaba el techo. Aguantó despierta lo suficiente como para poder ver con toda claridad cómo un par de ojos marrones la observaban en silencio desde la puerta, iluminados de forma fantasmal por la llama amarillenta de la lámpara. Los ojos marrones le mantuvieron la mirada hasta que a los de Alba les fue imposible aguantar más y se cerraron de nuevo, haciéndola presa de otro sueño que la llevaba lejos, muy lejos, a bailar encima de la alfombra persa. Pero incluso allí, en su casa, continuaban fijos en ella desde cada puerta, vigilándola. Sintió como, en mitad del sueño, todo el universo se detenía por un segundo y alguien rozaba sus labios con delicadeza, como el contacto de una hoja arrastrada por el viento. Como soplar una vela. Alba se estremeció de pies a cabeza, pero por más que buscaba en los rincones más escondidos de su subconsciente no encontraba la respuesta a ese contacto inesperado. Todo su cuerpo se puso alerta, indignada intentó llevarse la mano a los labios, que aún palpitaban escandalizados. Pero continuaba dormida y no podía moverse. Y en lo más profundo del sueño, que es donde se esconde la verdad, tuvo que reconocer que no le había disgustado del todo. Incluso para ser una ilusión.

One Response so far.

  1. gato says:

    Hermoso, Miss. Te ha quedado delicado y bellísimo.
    Un beso.

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¡Muchísimas gracias!