Del sol a la nevada.

Qué pelo más sucio, pensaba delante del espejo mientras imaginaba la nieve danzando al otro lado de la ventana, agujereando la oscuridad como si la noche fuese ya muy vieja, con el manto desgarrado. Qué asco de pelo y qué asco de cara y qué asco de jersey, y qué asco de luz artificial que hay en este baño que hace que se me vea la cara amarilla. Giró la cabeza un poco hacia un lado porque el derecho no le gustaba nada, y no, no tenía nada que ver con la política. Qué poco se reconocía en ese perfil tan recortado.
Tanta gente preciosa e interesantísima ahí fuera y yo aquí, en el baño con el pelo sucio. En realidad le gustaba lamentarse un poco porque los días le iban así: de arriba abajo y de abajo arriba, de las sábanas con escarcha a los abrazos derretidos, de los ojos luminosos al pelo sucio, del sol a la nevada.




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