Estupideces varias



Sólo fue un segundo
en aquella sala llena de sillas de plástico
cubiertas de gente que boquea como peces,
lo que dura una mirada
el girar del iris entre las pestañas
el objetivo de la pupila disparando el flash.
Y la imagen quedó grabada en mi retina.
Estabas sentada, de espaldas a mí,
la frente inclinada sobre algo, creo
el pelo negro y por las orejas, como Amélie
-me gustaría tener el valor de cortármelo así-
y me imagino yo sola que tus labios
-pongamos de un rojo pálido, puede que con algo de gloss-
danzarían en silencio mientras repasabas
lo que quisiera que repasases con tu mirar francés.
De todas formas, yo solo te vi la nuca
delgada, grácil, de cisne, tan blanca como este papel
nunca pensé que me pudiese llegar a gustar tanto una nuca,
qué tonto.
Daban ganas de acariciarla, de olerla, de buscarle pecas,
de cubrirla de miel para que las moscas
-sí, ya estoy otra vez con las moscas, mis moscas-
se quedasen pegadas y también la admirasen de cerca
porque parecía cubierta de merengue
o esculpida en helado de limón.
Me invadió el deseo del artista
de plasmarla en algún lado,
de compartirla, de compararla con mil chorradas distintas
o simplemente de convertirme en vampiro
y ÑAM.

3 Responses so far.

  1. Borja says:
    Este comentario ha sido eliminado por el autor.
  2. Borja says:

    Todos nos hemos quedado con ganas de algo en algún momento. . .

    Buena entrada :)

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