La chica color cielo


Capítulo 5: La chica color cielo

Despertó presa de un nuevo ataque de asma que la hizo doblarse sobre sí misma y la sacudió sin piedad, presionándole el pecho. Unas manos pequeñas y delicadas la sujetaron con firmeza durante todo el tiempo que duró la tos. Cuando por fin se calmó, pudo ver a través de un velo de lágrimas dos ojos que la observaban con infinita curiosidad, unos ojos azules y brillantes como los de Pierre… pero no eran los de Pierre.

-¿Te encuentras mejor? –dijo la propietaria de aquellos ojos, mientras los fijaba en el subir y bajar del pecho de Alba.

-Gracias –contestó simplemente, analizándola en silencio. Las frases de cortesía obligada dieron paso a unos segundos de observación mutua. Los ojos de Pierre se encontraban ahora engarzados en una cara mucho más agradable, que no guardaba ningún parecido con la del hombre salvo en la expresión perenne de curiosidad. Se trataba de otra chica un poco más mayor que ella, de cara ovalada y dulce, labios finos y pelo oscuro y desmadejado, que bordeaba su cara como una aureola y descendía por la espalda como una cascada. En sí no imponía tanto como Odette, pero era bonita. No iba maquillada, y eso, en vez de rebajarla frente a la otra chica, le provocaba un frescor natural y casi acogedor que el maquillaje habría eliminado por completo. Añadirle una capa de carmín a sus labios sería como ponerle un vestido a alguna de las ninfas de los cuadros, pensó Alba. Innecesario.

-¿Qué haces aquí? –preguntó la chica cuando ya hubo mirado todo lo que podía mirar.

-Dormir.

-En mi habitación –puntualizó ella.

-Creía que era la de los cuadros.

-Los cuadros no necesitan una cama. Yo sí. ¿No te dijo Elise que volvía por la mañana?

-Sí, pero no me dijo que volvías a tu habitación.

-Querrás decir a la de los cuadros –al decir esto no pudo reprimir una sonrisa, y esa fue la prueba definitiva que le demostró a Alba que aquella chica no se parecía en nada a Odette.

-De todas formas puedo dormir abajo –añadió, quitándole importancia-. Me parece que a ti te hace más falta descansar que a mí.

-Oh, es igual, me voy a morir de todos modos.

La joven soltó una carcajada.

-Qué graciosa. Vaya, creo que es la primera vez que mi padre trae a alguien interesante. ¿Cómo te llamas?

-Alba.

-Bonito nombre. Te hace juego –comentó sin dejar de sonreír-. Bueno, si tienes algún ataque más de tos ya subiré a ayudarte, no te preocupes. Pero intenta no tenerlos ahora que me voy a dormir, ¿vale?

Alba hizo ademán de incorporarse, pero la chica volvió a tumbarla empujándole suavemente de los hombros.

-No, no, no, de ninguna manera. Las chicas bonitas y enfermas tienen preferencia. Por la noche ya lo negociaremos, ¿vale?

Le guiñó un ojo y se fue, tan pequeñita como había venido, con el pelo negro ondeando a su espalda. Su sonrisa le dejó a Alba una extraña sensación, como una mezcla de relajación y dulzura que le llenaban el pecho de ganas de ser amable. Por desgracia, en vez de saciarlas, hicieron que se volviese a dormir hasta bien pasada la tarde.

One Response so far.

  1. Wendy says:

    dormir es lo que necesito yo ahora con los examenes...pero que no me vengan de esa manera mencionandome la muerte jajaja

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¡Muchísimas gracias!