Los pajaros


-¡Ah, mi pequeña Alba! ¿Qué tal has dormido? ¿Te encuentras mejor? –exclamó Pierre cuando entró a la cocina como una exhalación, presa de un júbilo casi inapropiado para alguien de su edad. Alba escondió la cara detrás del vaso y mintió bastante bien. La verdad era que cada vez sentía que el sueño la curaba menos, y se había dado cuenta de que no podía subir las escaleras sin desfallecer. Y se estaba cansando de que todo el mundo le hiciese la misma pregunta, y de darle a todo el mundo la misma respuesta.

Se hallaban todos reunidos en torno a la gran mesa de la pequeña cocina comiendo una especie de guiso de pollo con verduras que Elise había preparado refunfuñando. Fuera nevaba de nuevo, y aunque habían encendido la estufa el frío se colaba hasta en el alma. Alba devoraba su plato, consciente de que en unos meses, quizá semanas, ya no volvería a sentir hambre. Elise, que era la que menos cantidad tenía, intentaba comer lo más lento posible el contenido del suyo, y la chica color cielo, como la había bautizado Alba en secreto, le daba aburridas vueltas a sus trozos de carne con el tenedor por todo el plato. Odette, que se había sentado en un extremo con ojeras y el pelo revuelto y erizado, intentaba cubrirse lo máximo posible con una bata de franela mientras se comía a mordisquitos una manzana.

-Sólo come manzanas –le susurró la chica color cielo a Alba al oído cuando Odette miraba hacia otro lado.

-Bien, bien, estupendo –dijo Pierre sentándose a la mesa y colocándose la servilleta sobre las rodillas, al tiempo que Elise le servía otro plato. Comenzó a comer con verdadero apetito, y la sala quedó en silencio hasta que miró hacia todos lados y preguntó antes de tragar-. ¿Y Anthon?

-Dice que no come pollo.

-¿Cómo que no? –Pierre dejó los cubiertos y se levantó de golpe dejando la servilleta sobre la mesa.

-Papá, déjalo –intervino la chica color cielo. Alba fingió no sorprenderse, aunque en el fondo se lo esperaba. Los ojos los delataban a los dos-. Ya sabes lo raro que es con los pájaros.

-Sí, Pierre, si no quiere comer que no coma. Más para nosotros.

-Pero hoy es un día especial, tenemos una nueva incorporación. Si no sale para comer, no le vemos en todo el día –gritó el hombre con un brillo colérico en la barba-. ¡Anthon! ¡Anthon! ¡Ven ahora mismo!

-Ya empezamos –musitó Odette.

Pierre se perdió por el pasillo plagado de puertas y no pudieron oír la conversación que mantuvo con el encantador de pájaros. Finalmente el hombre volvió dando grandes pasos, se sentó a la mesa malhumorado y terminaron de comer en silencio. Anthon no apareció en toda la comida.

One Response so far.

  1. Clara says:

    Me pido ser la chica color cielo!

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¡Muchísimas gracias!