El reflejo.

                                                       Cuando me miro
te veo más veces de las que me gustaría
ahí estás otra vez
tirándome del cuello de la camisa
riéndote de mi piel y mis caderas
recordándome

arrastrándome a esas noches de invierno
escondidas entre bebidas imbebibles
que preparábamos entre los columpios
cuando ya no quedaban niños en el parque
y nos reíamos y llorábamos entre los matorrales
ocultando lo asustados que estábamos
y siempre había alguien que se olvidaba de andar

o  las tardes vagas, lentas, pesadas
llenas de moscas azules y de perfume de vainilla
cuando devorábamos, inseparables
helados de tres sabores
y siempre llegábamos tarde al cine 

y los amaneceres del primer trimestre
cuando reíamos como nunca reímos con ayuda
hasta nunca, hasta siempre, hasta mañana
nos apretujábamos en la alfombra
y susurrábamos secretos en sueños.

De vez en cuando te vuelvo a ver, sí
te veo y no me reconozco casi
y no me gusta verte porque me pone triste
me pone triste porque quiero seguir caminando
pero tú tiras y tiras de mi camisa
obligándome a mirarte
y a verme
y a hacerme pensar, a veces
que no fue al fin y al cabo una época tan mala.


One Response so far.

  1. Héctor says:

    A veces añoro el azul de los cielos que pinté de niño. No hay épocas malas si uno las recuerda con la calma precisa. A pesar de ello, en los archivos de mi lagrimoteca aparezco descrito como un hombre sin ventanas. Un beso.

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