Memorias de una Geisha.

"Ella se pinta el rostro para ocultar su rostro. Sus ojos son como el agua profunda. El deseo no existe para la Geisha. El sentimiento no existe para la Geisha. La Geisha es una artista del mundo etéreo. Ella baila, canta, entretiene, todo lo que quieras. Lo demás son sombras. Lo demás es secreto."


Creo que este pequeño fragmento describe perfectamente lo que puede ser en esencia una Geisha, en mi opinión. Una artista condenada a ser artista, una obra de arte condenada a ser obra de arte. Hace mucho ya que quería escribir algo sobre las Geishas porque son seres (iba a decir personas, pero por alguna razón no me atrevo) extraordinarios, y aunque no es el mejor momento voy a hacerlo ahora, directamente sobre la hoja blanca y sin detenerme demasiado a cuidar cada punto de lo que escribo, porque sí, porque hay artículos que tienen que ser así. 

He elegido este momento en especial porque, además de no apetecerme nada revisar los apuntes de hoy, acabo de terminar de ver esta tarde por tercera o cuarta vez la película Memorias de una Geisha, y creo que poco a poco voy comprendiendo más con mi torpe visión occidental lo que puede llegar a significar una Geisha en la cultura japonesa. Hace unos años leí unos cuantos libros de ese palo, algunos bastante buenos en mi opinón, y aun así creo que nunca llegaré a conseguir (tengo la revista Glamour al lado, que parece corroborar lo que estoy pensando) acercarme realmente a la visión de la vida que tenían las Geishas o de la propia cultura que les ha dado a luz.

Admiro muchísimo a estas mujeres, a las de verdad, y dándole vueltas al asunto estos días con la peli reciente he descubierto que en el fondo incluso las envidiaba un poquito. Porque al fin y al cabo la Geisha va, en definitiva, en persecución de la belleza, en ser lo más bella posible, tanto en la apariencia como en la forma de moverse, la elegancia al bailar, la inteligencia al conversar. En definitiva, la Geisha existe para ser deseada y admirada tanto por hombres como por mujeres, para ser una artista de sí misma, ser su propio lienzo, su propia obra de arte a desarrollar y perfeccionar.

Sin embargo, hoy se me ha encendido la bombillita repentinamente con una idea en torno a la que gira tanto el filme como el propio concepto de Geisha, y que le da su razón de ser: la Geisha es una obra de arte, sí, es una artista, sí, es perfecta, sí, ¿pero para quién? ¿Para quién todo ese sacrificio? Para entretener a los hombres ricos. Es una idea básica, lo sé, pero la película deja mucho que reflexionar en torno a eso (por eso he puesto el fragmento concreto de la transformación de la protagonista en Geisha, donde su hermana mayor le explica de qué va el asunto), porque en cierto modo parece que intenten separar el concepto de artista de su verdadera finalidad.

Esta bombillita que en realidad es una bombillaza me ha llevado a pensar en la cultura que ha propiciado este modelo de mujer, que sí es pero no es, que es intocable y extremadamente culta pero dependiente del hombre, para variar. Y de repente he entendido la historia de amor de la película. Cómo y por qué la protagonista, siendo niña, se enamora del primer hombre adulto que le trata con amabilidad, y por qué este mismo hombre, que bien podría haberse olvidado completamente de ella, maneja sus hilos para volver a verla una y otra vez, acompañándola durante su crecimiento hasta que al fin están juntos. Al frotarme un poco los ojos de la pantallita occidental, creo que he entendido cómo ese hombre pudo enamorarse de una niña japonesa de ojos azules y decidió convertirla en Geisha, porque no la veía como una niña-lolita, no, sino como una potencial obra de arte. El amor a la Geisha, en definitiva, que es el que se plantea en la película, no es un amor carnal, sino el amor que se puede tener por un Monet, una sonata de Beethoven o un poema de Baudelaire. Es el amor al arte, encarnado en una persona de carne y hueso que se transforma mediante una máscara blanca con los labios pintados y cuyo interior es misterio y sombras.


3 Responses so far.

  1. gato says:

    No he visto esa película por temor a que perturbara el buen recuerdo que tengo de la novela, del mismo nombre, de Arthur Golden.
    Creo que Geishas y Samurais son para los occidentales la base del simbolismo de ese Japón ignoto y seductor.
    He leído en algún sitio que en su origen las geishas acostumbraban a ser hombres vestidos de mujer.
    Me gustan tus conclusiones, aunque he de confesar que no tengo ni idea de como se puede amar a una geisha, porque para eso supongo que habría que pensar y sentir como un gato japonés y eso... sí que es complicado.

  2. gato says:

    http://okiyamura.blogspot.com.es/2010/12/las-tiendas-que-viven-de-los-hanamachis.html

  3. gato says:

    Perdón, quise decir:
    http://okiyamura.blogspot.com.es/

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¡Muchísimas gracias!