En fin, yo sigo. ¿Por dónde íbamos?

Al principio, todos estos productos de su mente le martirizaban. Al fin y al cabo, él estaba a cargo de la joven, era su tutor, era insano pensar esas cosas. Para intentar tranquilizarse, se arriesgó a probar con las chicas de la calle, pese a que hacía mucho, demasiado tiempo que no se acercaba por aquellas esquinas. Trató de buscar en aquellos seres burdos y tristes algún resquicio de la dulzura de Alba, de su olor floral, de su cabellera resplandeciente, y durante un tiempo tuvo suficiente. Hasta que el efecto se diluyó, y volvió a descubrirse tragando saliva cuando la joven suspiraba, apoyada a su lado en el sofá mientras él intentaba leerle a algún escritor famoso. Decidió que no podía aguantar más esa situación, y un buen día llegó a la conclusión de que lo único que le quedaba por hacer era pedirle en matrimonio. Él la conocía desde que no era más que un bulto lloroso entre mantas, la había criado y alimentado durante toda su infancia, le había proporcionado un hogar al crecer y siempre había sido el centro de todas sus atenciones. No le exigiría nada que ella no pudiese darle, y nunca la iba a tratar mal. Después de todo, ¿qué más podía pedir?

El ministro compró un anillo de rubíes en la joyería más cara de la ciudad, se lo guardó en el bolsillo interior del abrigo, pegado a su corazón, y volvió a su casa flotando entre nubes como un adolescente. Al llegar a su despacho, caminó de un lado a otro por la alfombra persa, perdido en sus pensamientos y mirando sin darse cuenta la quemadura en forma de círculo que había causado Alba, sin saberlo, quince años antes. Luego se detuvo, trató de tranquilizarse, apuró un vaso de su mejor whisky mientras observaba de nuevo el anillo y por último mandó llamar a una criada.
-Dile a la señorita Alba que se arregle especialmente esta noche, tengo algo importante que comunicarle en la cena-dijo, tomando el último trago.
-Sí, señor.
¿Para qué esperar? Se lo diré hoy mismo. Será el principio de un futuro brillante para ella, y de un placentero final para mí. Sí, realmente no puede pedir nada mejor, se dijo con una sonrisa, mientras se atusaba el bigote en un espejo.
La criada, que en esos momentos se dirigía hacia el dormitorio de Alba y que por casualidad había llegado a ver el anillo brillando en el interior de su caja, cabeceó con tristeza y no pudo evitar pensar: pobre chiquilla.



La cena fue servida con mayor lujo que de costumbre. Se encendió la chimenea para defenderse del frío nocturno y de la humedad que reinaban de forma perenne en aquella enorme casa, se sacó la vajilla de porcelana de china y los cubiertos de plata. Las copas fueron abrillantadas con cariño y se encendieron todos los candelabros de la habitación, haciendo que la estancia quedase irradiada de luz anaranjada y acogedora. Alba apareció en la estancia resplandeciente con su vestido nuevo, que le había regalado el ministro por su cumpleaños. Era verde, de satén, propio para una presentación en sociedad y no para una cena en casa. Llevaba el pelo recogido en un moño con algunos mechones sueltos estratégicamente, cuyo brillo contrastaba con la palidez de su cuello. El ministro se acordó de respirar cuando ella le dirigió una mirada interrogativa desde el otro extremo de la mesa.
-Vaya, querida, estás espectacular-acertó a decir. Alba no respondió, simplemente se colocó la servilleta y se ensimismó mirando al fuego.
-Ya sé que eres una joven muy modesta, pero trata de agradecer los cumplidos, o quedarás en mal lugar-insistió el ministro.
-Gracias-respondió ella con voz suave, sin dejar de observar la chimenea.
-Oh, de acuerdo, no pasa nada-dijo el hombre con una gran sonrisa, mientras se servía licor en la copa. Se sentía magnánimo y bondadoso, al fin y al cabo aquella iba a ser la mejor noche de su vida. Para ambos.
Sin embargo, se esperó a los postres para soltar la bomba. Durante toda la cena sólo picoteó algo de pollo, centrado como estaba en admirar sin recato a su futura esposa. Alba comía con normalidad, mirándole de vez en cuando por el rabillo del ojo, para encontrarse con un hombre sonriente que se apresuraba a desviar los ojos con la excusa de tomar otro trago. El ministro no era muy bueno guardando secretos, parecía estar vociferándolo con la mirada, y siendo como era Alba extremadamente audaz para adivinar lo que pensaba la gente, decidió que se tomaría un par de bombones y se retiraría rápidamente a su habitación. Pero no iba a ser tan fácil.
Se disculpó en voz baja y dejando la servilleta en la mesa se dispuso para salir, pero el ministro la agarró de la muñeca. Alba se volvió y pudo ver sus ojos de enamorado, rayando la obsesión. De sopetón descubrió lo que se le avecinaba, y decidió que se negaba rotundamente a pasar por eso.
-Mi querida niña, llevo mucho tiempo queriendo decirte algo muy importante que estoy seguro de que te hará tan feliz como a mí-comenzó el ministro.
-Lo siento, ruego que me disculpe, pero…
-No, no, déjame terminar. Sé que siempre me has visto más como a un progenitor que como a un igual, pero eso puede cambiar. Siempre he sentido un gran afecto por ti y durante estos años, al verte convertirte en mujer poco a poco, ese afecto ha aumentado hasta el punto en el que ya no podía callármelo más-el hombre acarició inconscientemente con la punta de los dedos su cuello y ella sintió que se mareaba.
-Le suplico que deje esto para otro momento, yo… necesito ir al servicio.
El ministro rió nerviosamente.
-Siempre tan modesta. Eso es lo que me gusta de ti, no serías capaz de reconocer todo lo que eres ni aunque lo pusiesen delante de tus ojos. Está bien, yo te ayudaré a que lo descubras poco a poco. Simplemente… déjame estar a tu lado-el ministro se arrodilló y le ofreció la caja del anillo abierta-. Dime, pequeña, ¿me aceptas como esposo? Estoy seguro de que nadie te puede ofrecer nada mejor.
Al llegar a este punto Alba se sintió desfallecer. Un sudor frío la recorrió de pies a cabeza y cayó inerte en el suelo junto al ministro, que aún la tenía de la mano.

2 Responses so far.

  1. Damned says:

    Ay! Ay! Con la rosa en la boca!
    Está estupendo! Trasmite un cierto desprecio por el ministro pero a la vez un "¿qué pasaría si...?"...

    Esperando la continuación :)

  2. Alex says:

    uuuuuu bonitobloggg


    xoxo

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¡Muchísimas gracias!