L'historie continue

[Siento que esté tan malamente cortado, pero blogger me está tocando mucho las narices y parece que ahora le ha dado por que no se vea la respuesta. Tendréis que esperar a la siguiente, I'm sorry]

Un día, Alba abrió los ojos, se limpió los restos de sangre de las comisuras con la manga y se levantó de la cama. Caminó grácil por toda la casa, aspirando el silencio que reinaba en la mansión. Acarició las barandillas mientras subía sin hacer ruido por la escalera, se asomó a cada uno de los balcones y despidió a sus patos con besitos al aire, aspiró una vez más el olor de los tapices, saltó a la pata coja en las baldosas, bailó descalza sobre la alfombra persa, tomó un trago de whisky y volvió a su habitación, radiante pero más débil que nunca. El ministro la recibió roncando en el sillón orejero que había instalado en su habitación para cuidarla en todo momento. Alba esbozó media sonrisa y le despertó con un suave beso en la mejilla, semejante al roce de las alas de una mariposa. El hombre se despertó con sobresalto, y la observó atónito mientras se sentaba sobre sus rodillas, como cuando era pequeña y le pedía cuentos que él nunca le podía contar. Ahora que la palidez era aún mayor, el rojo de sus labios y de su pelo resaltaba aún más, y parecía una criatura de otro planeta. El ministro se quedó petrificado, sin saber qué hacer. Alba posó una mano en su mejilla con cariño, y el hombre se sintió más viejo que nunca. ¿Qué estoy haciendo? Sólo es una niña… es mi niña.

-Sé que voy a morir. Y quiero vivir un poco antes de que todo se termine-la naturalidad con la que Alba lo soltó, asumiendo sin reproches su propio destino, desgarró el corazón del ministro por primera vez en su vida e hizo que las lágrimas aflorasen a sus ojos, antes desérticos. La chica las recogió con dulzura en sus dedos.

-Entonces no lo niegas-prosiguió, con media sonrisa amarga, como si aún tuviese una remota esperanza de que el ministro lo desmintiese y la consolase una vez más entre sus brazos-. No importa, yo sé que se acerca. La llevo sintiendo pegada a mi piel durante todos estos días, sólo está esperando el momento oportuno para terminar conmigo de una vez por todas, gota de sangre por gota. Por eso no puedo aceptar su generosa oferta.

-Lo comprendo-farfulló el ministro de forma ininteligible, superado por la emoción. Ella asintió y clavó de nuevo la vista en el infinito. Como antes, parecía que volvía a hablar para sí misma.

5 Responses so far.

  1. gato says:

    Pero no va a morir... Tú y yo sabemos que no va a morir ¿verdad? Definitivamente, lo que necesita esta chica es salir a la calle y conocer a algún veneciano majete; uno que tenga ganada la plaza de gondolero, por ejemplo, que son muy buen partido.
    Entre tanto, besos.

  2. Bien ahí la historia continúa. !

  3. Lola says:

    no mates a Alba porfavooooooooooooor (que ahora ya que me he enganchado a su historia...)

  4. Entre aqui por casualidad y creo que me voy a quedar. Me parece de lo más cucuo tu blog :)

    Saludo Parisino!

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¡Muchísimas gracias!